Vale la pena

Maldita sea. Revisando mis posts antiguos me di cuenta que recién a fines de 2007 vine a cumplir con la única promesa que hice a inicios de 2006. Una vergüenza.

Tarde, pero cumplí.

Aunque me tengan cansadas los viajes en bus a Talagante, Isla de Maipo y El Monte, vale la pena.
Aunque tenga que vencer la timidez y decir unas palabras al comienzo de cada sesión, me alegra que la gente me entienda y me cuente sus historias de superación.
Aunque odie que siempre se siente junto a mí el viejo más hediondo de la micro, me encanta que al llegar una mujer temporera me diga que gracias a que ahora sabe usar el computador el próximo año postulará a otro tipo de trabajo, “uno mejor”, dice.
Aunque reniego de mi edad y me irrita cuando me dicen “señora”, sonrío y me siento una niña si me dicen “tía”.

Espero no quedarme sólo con esto. Espero que salgan más proyectos así de entretenidos y beneficiosos para todos. Feliz de haber tomado la mejor decisión de mi vida.

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Un comentario »

  1. Por eso yo no hago promesas… bueno excepto que todos los años digo “no voy a carretear tanto”. Pero ya ves, no me resulta, así k mejor no prometer nada.

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