10 de diciembre, 2006


Quise dejar pasar unos días antes de escribir sobre la muerte de Augusto Pinochet. Tal vez así podría escribir algo más cuerdo, ordenado.

Confieso altiro que no me resultó. Todavía me confunde y no sé bien cómo explicarme. Cuando supe la noticia, me alegré. Y sigo contenta.

Nunca le temí al cuco o al viejo del saco. Mi imagen del miedo siempre fue la de Pinochet. En mi casa él era el malo de la película, el culpable de todo, e incluso, el asesino de Allende. Así de tajante. Yo crecí creyendo que Allende fue asesinado por el golpista, tal cual.

Después me pude armar mi propia película pero nunca he podido separar de la palabra Pinochet la idea de maldad, de arrogancia, de crueldad, de abuso, de tortura.
Cada vez que aparece su rostro en la TV se me apreta el estómago.
Cada vez que oigo hablar sobre los detenidos desaparecidos se me mojan los ojos. Es un tema demasiado visceral para mí.

Es un tema de guata.

Por eso cuando entrevisté hace años a Viviana Díaz me importó un pito dejar de lado mi papel de periodista para abrazarla al despedirme. Por eso cuando entrevisté a Gladys Marín en la sede del PC se me llenaron los ojos de lágrimas. Por eso cuando trabajé en Plaza Italia el domingo pasado hasta la 1 de la madrugada lo hice sonriendo. Toda la gente con la que hablé ese día me dijo algo que recordaré.

Había un joven que celebrabra con un puro y grababa todo con una cámara de video para luego explicarle a su hijo por qué celebraba la muerte de otro.

Una mujer pintó en su cara y en la de su familia “Muerto el tirano” y gritaba “Ahora sí que se abrieron las alamedas”.

Otra, sostuvo por horas una foto de Allende como homenaje a su presidente. El mejor, según ella.

Todas estas reacciones las entiendo y las comparto. Son familiares. Lo que no puedo entender, aunque me esfuerce, es a los pinochetistas. No entiendo ese fanatismo ciego, esa falta de memoria, de cordura. Y la poca vergüenza.

Durante estas semanas Luz Salgado se transformó en el símbolo de la estupidez humana para mí. Al otro lado está Francisco Cuadrado Prats, quien hizo la cola por horas afuera de la Escuela Militar sólo para escupir sobre el cuerpo inerte de Pinochet. Se dio un gusto. Y lo entiendo. Lo entiendo y lo comparto. No se puede tener respeto por alguien que no lo tuvo por nadie. Por lo mismo canté ese domingo “¡Que lo tiren al Mapocho!” y seguiré cantando y celebrando su muerte porque con ella desapareció la mayor vergüenza de la historia del país.

Querría borrar su imagen. Querría no sentir tanto desprecio. Tanto odio. Pero no me sale.

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Un comentario »

  1. Juan Sergio Leiva Fernández

    Sin querer me encontré con este artículo, me sorprendió gratamente que una joven pudiera describir y expresar el sentimiento de muchos chilenos, ante la muerte del dictador, pero contrario a esa felicidad, para mí fue una pena muy grande, porque no era justo que su fin fuera tan apacible y sin agonía alguna, se fue de esta vida sin responder por todos sus crímenes cometidos en nombre de la supuesta libertad entregada a los chilenos, fueron 17 años en que me levantaba y no sabía si volvería a mi hogar y si vería de nuevo a mí familia, toda vez que mis amigos, eran detenidos y torturados, esa muerte natural y simple con la que se fue, se anteponía a la muertes tan violentas y crueles de amigos como, Parada y Guerrero, toda una vida de militancia, desde jóvenes cuando nos cruzábamos en calle Av. Matta, esq. de San Francisco, sede de la jota ellos eran de la jota secundaria y yo de la jota de institutos comerciales especialidad contadores general, nos unían los sueños de un Chile mejor y libre, pero el destino nos puso una dura experiencia y ellos fueron degollados y lo más triste que uno de sus autores, ex militante de esa jota, pero que cambió de bando, compartía esa amistad y luego se transformó en uno de sus degolladores, que triste es la vida cuando junta esos elementos de supervivencia de vida, en varias ocasiones durante esos 17 años me encontré con él y lo que me llamó mas la atención leer en una revista no hace mucho, en una entrevista que le hicieron en punta Peuco decir que no se arrepiente y que los equivocados eramos nosotros, tanto cambian los valores de la vida, cuando se trata de salvar la propia?, la verdad que mi experiencia de vida durante la dictadura, me hizo crecer mis sentimientos de orgullo por las mujeres de Chile, toda vez, que ellas son las que mas sufrieron con sus detenciones, fueron torturadas, violadas, quemadas con electricidad y nunca cedieron, hasta en eso superaron a los hombres, ellas nos daban la fuerza para seguir y para que decir, las compañeras que buscan hasta hoy a sus hijos , padres, esposos etc., lagunas han fallecido sin lograr su objetivo como Zola Sierra, eso me llenó de tristeza y nunca he llorado más en mí vida cuando me enteré de su muerte, lo mismo que la Gladys ejemplo de consecuencia política y valor, mis padres fallecieron pero igual los recuerdo con lucho cariño, al igual que a todas las amigas y compañeras de partido asesinadas en dictadura, como por ejemplo Marta Ugarte, lanzada al mar, con su estómago abierto pero igual llegó a la playa y denunciar con su cuerpo la suerte de otros seres que corrieron la misma suerte, esa es la causa por la , no me alegré de la muerte de este dictador, pero si tengo cierto conformismo porque los Ingleses, lo retuvieron 2 años y los que hoy dirigen a nuestro país se la lloraron toda, para que se lo trajeran de vuelta y hoy algunos quieren hacer una limpieza de conciencia, al expresar su arrepentimiento incluyendo al inepto, eso hoy no sirve de nada, es como recibir 3 padres nuestros y punto, su cobardía y ayuda merecen un castigo superior, le reitero mis disculpas por entrar en esta página, pero usted como joven demuestra que también tiene sentimientos y eso es muy reconfortante, porque no todas las personas piensan y actúan igual que usted , mis saludos afectuoso para usted y que la vida le entregue todo lo que usted desea para su familia un abrazo.

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